Volvimos a nacer
- Cusuca cr
- 20 may 2024
- 3 min de lectura

Recuerdo medio despertar en un cuarto frío, entre abría los ojos y solo decía «Mi hijo?», y los enfermeros solo me respondían ya casi la llevamos a verlo esque no hay espacio todavía, cerraba los ojos y volvía a «dormir». Recuerdo que hacía mi mayor esfuerzo por despertar del todo para que me llevarán a ver a Mati. Hasta que logré despertar y me llevaron a la sala de maternidad.
Mi cama era la primera justo entrando, entonces lo primero que vi fue a mi pareja con nuestro hijo en brazos y les digo algo, no podía creerlo, sentía un amor tan puro y grande que sentía no me cabía.
Cuando me entregan a Mati y lo tengo entre mis brazos les juro que no había nada ni nadie más, solo nosotros (la sala estaba llena), al fin nos encontramos para poder agradecerle el que me haya escogido como su mamá (ya lo hacía cuando estaba en la pancita, pero deseaba hacerlo cara a cara), y decirle que era un ser libre, independiente y capaz, que lo amaba como nunca he amado y que daría mi vida por él.
A partir de ahí todo ha sido nuevo y un aprendizaje, cómo cambiarlo, bañarlo, alimentarlo(fue un viaje duro que les cuento en otro post), cómo sanarle el ombligo, limpiarle y bajarle el prepucio (esto ha sido algo realmente importante porque nunca lo había hecho, en mi casa vivíamos solo mujeres entonces básicamente estaba en la ignorancia pura), cómo andarlo vestido (me daba terror que se enfermara) entonces a veces seguro lo sobre abrigaba o era intensa en eso de que no le pegue sereno pero bueno ya pasó jaja ya aprendí, tal vez si Mati llega a tener hermanx lo haga más relajada jajaja. El dudar de que si estoy haciendo las cosas bien o no (cuidados y Educación) es algo constante, pero trato de dar lo mejor de mi.
Eso con Mati, pero de repente me encontré conmigo misma, sanando una herida profunda que a veces dolía y sentía calambres, y a veces se me olvidaba entonces creía que podía hacer y deshacer de todo con Mati y tome el nervio ciatico mega prensado. Me encontré frente a un espejo con una mujer que no reconocía, con los brazos y el estómago todos moreteados, con estrías, flacidez, celulitis, zonas oscuras, unas tetas lastimadas y una hinchazón que no sentía que eran mías, era yo en el cuerpo de otra mujer.
Estaba literalmente pasando por un torbellino de emociones, que me causaban mucha frustración, y me preguntaban: Qué se siente ser mamá??, y yo sumamente sincera en esos momentos de acople lo único que podía responder era, «es lo más cansado que he experimentado en mi vida, qué es esto? es durísimo , y a la vez vivo el amor más puro e intenso. Y esque me dolía hasta el ALMA, eso de que» ay tranquila con solo verlo se le quita todo el cansancio y dolor»… Y yo ponía cara de what!? A dónde, porque yo veía a Mati y quería como llorar de la frustración y de amor al mismo tiempo… pero no se me quitaba nada.
Hasta que poco a poco fui entendiendo que como vivía antes de ser la mamá de Mati, que iba a dónde quería, como quería, cuando quería y más (no me refiero a plata, me refiero a que era solo yo), era ya parte de mi pasado y que no es que dejaba de ser yo, simplemente había cambiado todo el panorama y mi ser, ahora me encuentro en una nueva etapa de mi vida que me costó abrazar al principio pero que ahora acepto.
Esta transformación me hizo empoderarme más, aprender a amarme (cuerpo y alma) y aceptarme, porque antes de que Mati naciera no siempre me gustaba y no me aceptaba en mi totalidad, y ahora con tantos cambios físicos, emocionales y mentales, entendí que esta soy yo ahora, que si no me aprecié lo suficiente antes (sin tantas marcas notables e invisibles) ahora sí era el momento de hacerlo, que hay días que ando desanimada y no me gusto, pues claro!, pero tenerme presente me ayuda a seguir trabajando en mi y abrazarme.
Ese 05 de agosto del 2018, no sólo nació Mati, renací yo como mujer, como madre, como ser. A raíz de lo que he vivido cambié el rumbo de mi carrera de comunicación y unirlo a mi otra carrera, psicología, y enfocarme en el embarazo, el post parto y maternidad, además de formarme para asesorar y acompañar a otras mamás en su período de lactancia (después les cuento más). Ser madre me ha reeducado y enrumbado por otros caminos que me encantan, me he reencontrado como mujer.
Y solo puedo decir a otras mujeres que acaban de ser madres, que después de ese túnel un poco oscuro siempre hay luz al final, los tragos amargos son temporales.
Un abrazo
Comentarios